Vender mi piso al estilo podemita

Como te conté hace unos días, un amigo me sugirió hacerlo al estilo facha sin mucho éxito.

Otro amigo, que siempre va de listo, me dijo:

«¿Y si lo vendes… pero a lo podemita?».

¿Podemita?

Lo miré raro, pero me picó la curiosidad. Así que hice el anuncio:

«Vendo piso, pero es de todos. Olvídate del precio, lo decidimos entre todos, o no. Si te gusta, invítame a vivir contigo y compartimos gastos. O no, lo que veamos…
¡Un espacio libre de las cadenas capitalistas!».

Sorprendentemente, la gente empezó a interesarse. Aunque no preguntaban lo que esperaba. Nadie hablaba de dinero.
En cambio, las preguntas eran tipo: «¿El sofá es cómodo?» o «¿Podemos plantar tomates en el salón?».

Parecía buena idea… hasta que dejó de serlo.

Un día llegué al piso y ya no era mío. Gente entrando, saliendo, durmiendo en el sofá, tomando cerveza en el balcón como si les perteneciera. No podía hacer nada. Las puertas estaban abiertas, y el sentido de propiedad desapareció.

Decidí quitar el anuncio y quedarme con el piso. Pero cuando intenté recuperarlo, ya era tarde. Los okupas se hicieron fuertes, y lo mío dejó de ser mío.
Ni la ley, ni mis llaves, ni mis ganas pudieron sacarlos de allí.

Al final, aprendí algo:

la vivienda puede ser de todos… pero cuando la pierdes, la hipoteca sigue siendo solo tuya.

Y nadie te la va a pagar.

No sé cómo lo harías tu, pero yo lo haré convencido. Ni facha ni podemita.

No espero que lo compartas, pero me gustaría estar equivocado

No espero que lo compartas,

pero me gustaría estar equivocado