El otro día, un cliente potencial me soltó una gilipollez.
“Tu competencia ofrece renders y videos a un precio más bajo.
¿Por qué debería elegirte a ti?”
Entiendo su preocupación, pero sabía que no estaba viendo el panorama completo. Acepté el reto de explicarle la diferencia.
Le pedí que pensara en un anuncio que realmente lo haya impactado, uno que le hiciera detenerse y prestar atención.
¿Qué tenía de especial?
Y él sólo encontró sus 3 valores:
- La calidad.
- Las emociones que despertaba.
- La historia que contaba.
Le dije:
«Mis renders y vídeos no son solo imágenes bonitas.
Muestran los valores diferenciales de tu proyecto consiguiendo que el espectador conecte emocionalmente y quiera saber más detalles.
No se trata solo de mostrar, sino de vender.»
Al final de nuestra conversación, su tono cambió. Empezó a entender que no se puede comparar lo que hacemos con lo que otros ofrecen.
Algo difícil de creer hasta que colaboramos por primera vez y lo entiendo.
Sé que ésta no será la última vez que alguien me cuestione, pero cada vez que lo hacen, intento que me den la oportunidad de demostrar por qué hago lo que hago aunque jamás cuente el secreto de cómo lo conseguimos.
Me encanta cuando alguien finalmente lo ve. Y, el que de manera obtusa, no quiere verlo, simplemente no es mi cliente.
O como prefieren oír en estos casos, no somos la empresa que necesitan.
No pasa nada.
Si quieres estructurar un sistema completo que realmente impulsa al comprador a decidir, entra y lee esto.