DIAGNÓSTICO GRATUITO PARA ARQUITECTOS
Tu web puede estar enseñando un gran proyecto y, al mismo tiempo,
estar dando una razón para no contratarte.
Y probablemente tú no puedas verlo.
Porque conoces demasiado bien tus proyectos.
Sabes por qué tomaste cada decisión.
Sabes qué tiene de especial esa fachada.
Sabes qué querías conseguir con ese espacio.
Sabes todo lo que hubo detrás de ese proyecto antes de que aparecieran las primeras imágenes.
La promotora que entra por primera vez en tu web no sabe nada de eso.
Solo ve lo que tiene delante.
Y con eso decide si sigue mirando…
o se va.
Quiero hacer una cosa por ti.
Mándame la web de tu estudio y la miraré como la miraría alguien que está valorando si confiarte su próxima promoción.
Te diré qué veo.
Qué me hace confiar.
Qué me hace dudar.
Qué proyectos me llaman la atención.
Y qué puede estar perjudicando la percepción de tu trabajo sin que te hayas dado cuenta.
Gratis. Sin reunión. Sin compromiso.
¿Y quién demonios soy yo para decirte esto?
Soy Juan Gayarre.
Y desde 1989 me dedico a algo muy concreto:
hacer que los proyectos inmobiliarios se entiendan, se deseen y se vendan mejor.
He pasado más de tres décadas viendo proyectos de arquitectura, promociones, imágenes, renders y presentaciones.
Y después de tanto tiempo hay algo que he visto demasiadas veces:
Un proyecto puede ser extraordinario y parecer mediocre si se presenta mal.
Y también puede ocurrir lo contrario.
Una buena presentación puede hacer que quien está al otro lado entienda en segundos el valor de algo que, de otra manera, necesitaría diez minutos de explicaciones.
Eso importa.
Porque tu posible cliente no estaba sentado delante del ordenador esperando ansiosamente a que apareciera la web de tu estudio.
Tiene cosas que hacer.
Otros estudios que mirar.
Otras propuestas.
Otros proyectos.
Y tú tienes muy poco tiempo para conseguir que piense:
“Aquí hay algo.”
Eso es lo que voy a buscar cuando entre en tu web.
¿Qué voy a mirar exactamente?
No quiero que después de esto pienses:
“Juan hace buenos renders. Algún día debería contratarlo.”
Eso se queda corto.
Lo que quiero es que empieces a mirar también cómo se presentan los proyectos que pasan por tus manos.
Porque tú estás en una posición privilegiada.
Muchas veces estás al lado del promotor mucho antes de que empiece la comercialización.
Conoces el proyecto.
Conoces sus virtudes.
Sabes qué decisiones se han tomado y por qué.
Y puedes detectar algo que al promotor quizá se le escape:
que un buen proyecto no se vende solo por ser bueno.
También hay que conseguir que el comprador lo perciba.
Ahí quiero que te acuerdes de mí.
No necesariamente para contratarme tú.
Sino para que, cuando veas un proyecto que merece presentarse mejor, puedas decirle al promotor:
“Aquí hay que hacer algo más. Y conozco a alguien que sabe hacerlo.”
Eso es mucho más interesante.
Porque entonces no eres solamente el arquitecto que ha hecho bien su parte.
Eres también el arquitecto que ha entendido que el proyecto del promotor no termina cuando acaba la arquitectura.
Tiene que venderse.
Y si tu recomendación ayuda a que ese proyecto se presente mejor y se venda mejor…
has hecho quedar bien al promotor.
Has quedado bien tú.
Y yo también tendré que estar a la altura.
Buen negocio para todos.
Pero hay otra cosa que me interesa todavía más.
No voy a hacerte una auditoría SEO.
No voy a decirte si el botón debería ser tres píxeles más grande.
Ni voy a darte una charla sobre embudos, algoritmos o cualquier otra moda de marketing.
Voy a mirar algo bastante más sencillo:
qué impresión produce tu estudio.
Voy a fijarme en cosas como:
— Qué entiendo de ti durante los primeros segundos.
— Qué proyecto miro primero y por qué.
— Si tus imágenes hacen justicia a tu arquitectura.
— Si hay algo que me confunde.
— Si transmites el tipo de estudio que una promotora querría tener a su lado.
— Si encuentro razones para seguir mirando.
— Y, sobre todo, dónde creo que estás perdiendo valor.
Porque hay una diferencia enorme entre:
tener buenos proyectos
y
conseguir que otra persona perciba lo buenos que son.
Y esa diferencia puede valer mucho dinero.
Hay otra razón por la que hago esto.
Quiero tener una lista de arquitectos.
Pero no una lista enorme.
No quiero 40.000 personas que abren un email cada seis meses.
Quiero arquitectos que se preocupan por cómo se percibe un proyecto.
Arquitectos curiosos.
Arquitectos que entienden que su trabajo no vive aislado del resto de la promoción.
Arquitectos que quieren saber un poco más sobre lo que ocurre cuando su proyecto sale del estudio y tiene que enfrentarse al mercado.
Si eres uno de ellos, probablemente te interesará lo que voy a enviarte.
Porque después del diagnóstico seguiré escribiéndote.
Sobre arquitectura.
Sobre renders.
Sobre promociones inmobiliarias.
Sobre imágenes.
Sobre inteligencia artificial.
Sobre cosas que veo que funcionan.
Y sobre cosas que veo que son auténticas estupideces.
Emails con asuntos como:
“La imagen que está matando un buen proyecto.”
“Por qué este render parece barato.”
“Lo que una promotora ve y tú no.”
“La IA no va a arreglar esto.”
“Un proyecto de millones presentado como uno de 200.000 €.”
Algunos emails te interesarán.
Otros no.
Alguno probablemente te cabreará.
Perfecto.
Siempre puedes darte de baja.
Y quizá algún día ocurra esto.
Estás en una reunión con un promotor.
Sale el tema de la comercialización.
Te enseña las imágenes.
O la presentación.
O cómo piensan enseñar una promoción que tú sabes perfectamente que tiene mucho más valor del que esas imágenes están transmitiendo.
Y tú lo ves.
Porque ya has empezado a fijarte en estas cosas.
Entonces dices:
“Creo que esto se puede presentar bastante mejor.”
Y quizá añades:
“Conozco a alguien con quien deberíais hablar.”
Eso es exactamente lo que busco.
Que si algún día dices mi nombre delante de un promotor, no sea porque has recibido veinte emails míos.
Sea porque has aprendido a reconocer cuándo puedo ser útil.
Y porque estás razonablemente seguro de que recomendarme te va a hacer quedar bien.
Porque una recomendación solo merece la pena cuando el que recomienda también se juega algo.
Su criterio.
Pero volvamos a tu web.
Porque ahí empieza todo.
Tú tienes una desventaja cuando la miras.
Sabes demasiado.
Cuando ves la fotografía de un proyecto, no ves solamente esa fotografía.
Ves las reuniones.
Los planos.
Los cambios.
Los problemas.
Las decisiones.
Los materiales.
La historia completa.
Tu posible cliente no.
Él llega frío.
Y esa primera impresión es brutalmente sencilla:
Esto me interesa.
O:
Esto no me interesa.
Por eso quiero mirar tu web.
Porque yo puedo hacer algo que tú ya no puedes hacer:
Verla casi por primera vez.
Esto es lo que han dicho algunos clientes después de trabajar conmigo
«La capacidad de mostrar las virtudes del proyecto con sus videos, los convierten en una herramienta de persuasión, una herramienta de seducción.
— Joaquín Torres y Rafael Llamazares, A-cero architects
«Un trabajo muy cuidado que hace interesante cada momento del vídeo. El resultado es un documento muy comercial que ayudó a nuestros clientes a visualizar cómo sería su calidad de vida en sus nuevos hogares.»
— César Frías, CEO, MORPH Estudio
«Elevan al máximo la percepción de valor de nuestras promociones. Esta es la recomendación que no me gustaría que leyese mi competencia.»
— Enric Batlle, CEO, batlleiroig arquitectes
No pongo estos testimonios aquí para decirte que soy maravilloso.
Los pongo porque hay una idea que se repite en mi trabajo desde hace años:
La forma en que presentas un proyecto cambia la forma en que ese proyecto es percibido.
Y eso sirve para tu estudio.
Pero también sirve para las promociones de tus clientes.
Bien.
Ya has llegado hasta aquí.
Así que tienes dos opciones.
La primera es cerrar esta página y seguir viendo tu web exactamente como la ves ahora.
La segunda es dejar que alguien que lleva desde 1989 viendo proyectos, imágenes y promociones inmobiliarias la mire con otros ojos.
Yo elegiría la segunda.
No porque vaya a tener razón en todo.
Sino porque hay una cosa que tú nunca podrás hacer con tu propia web:
verla por primera vez.
Yo sí.
Mándamela.
La miraré como si acabara de descubrir tu estudio y estuviera intentando decidir si merece la pena seguir mirando.
Y te diré lo que veo.
Sin adornos.
Sin quedar bien.
Sin cobrarte nada.
Puede que te diga que está estupenda.
Puede que encuentre una tontería que puedas arreglar mañana.
O puede que descubras que alguno de tus mejores proyectos no se está defendiendo ni la mitad de bien de lo que debería.
Pero hay algo más que espero que ocurra.
Que después empieces a mirar de otra manera las promociones de tus clientes.
Que cuando veas un proyecto magnífico presentado con imágenes que no están a su altura, lo detectes.
Que entiendas lo que puede estar costándole al promotor.
Y que sepas qué hacer.
Porque el día que recomiendes a alguien capaz de mejorar la presentación de una promoción y esa recomendación resulte ser acertada…
la medalla no me la llevo yo.
Te la llevas tú.
Tú eres quien lo vio.
Tú eres quien lo recomendó.
Tú eres quien ayudó al promotor a presentar y vender mejor su proyecto.
Y eso también dice bastante sobre qué clase de arquitecto eres.
Estás a un solo paso de mejorar tu sitio web
Introduce la web de tu estudio y tu email.
La miraré y te enviaré mi diagnóstico.
Y sí, después recibirás mis emails.
Si no te gustan, te das de baja.
Así de complicado.
Pero primero mándame esa web.